LetrasdErveyOBRA DE ÁNGEL ERVEY
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NOTA DE AUTOR · NOVIEMBRE 2026

Lo que se siente antes de saber quién eres

Antes de poder decir quiénes somos, hay cosas que ya nos conmueven. Una voz, una despedida, el olor de una casa a la que no hemos vuelto. Algo sucede dentro de nosotros, aunque todavía no sepamos explicarlo.

Con los años aprendemos a presentarnos. Decimos nuestro nombre, nuestra profesión, los estudios que terminamos, el trabajo que hacemos. Yo puedo decir que soy ingeniero civil, docente, mediador y poeta. Cada palabra cuenta una parte de mi vida. Pero incluso después de pronunciarlas queda algo pendiente: lo que siento mientras habito cada una de ellas.

La ingeniería me enseñó a buscar respuestas que puedan comprobarse. A medir, revisar y entender por dónde se transmiten las cargas. Cuando observo una grieta, necesito conocer su origen antes de proponer una reparación. Lo visible ofrece una pista; comprender lo que ocurre exige mirar más allá de la superficie.

Esa costumbre también aparece cuando escribo. Hay recuerdos que regresan como una pequeña fisura en un día cualquiera. Al principio apenas se perciben. Después uno descubre que llevan tiempo ahí, atravesando silenciosamente otras cosas.

Sin embargo, frente a una hoja no siempre tengo un procedimiento. A veces aparece una frase y desconozco de dónde viene. La escribo, la dejo reposar, regreso a ella. Solo después reconozco la ausencia, el miedo o el deseo que estaba intentando decir.

Como docente he visto que una pregunta puede aparecer mucho antes de que alguien se anime a formularla. También he visto lo fácil que resulta confundir una dificultad con una identidad: «no entiendo esto» termina convertido en «yo no sirvo para esto». Una experiencia momentánea empieza a parecer una definición de la persona.

A veces hacemos lo mismo con nuestra propia vida. Nos apresuramos a decidir quiénes somos a partir de una pérdida, un error o una etapa que todavía estamos atravesando.

La mediación me ha enseñado a escuchar esa distancia. Alguien habla de una cantidad, de un incumplimiento o de una diferencia de criterios, y en su relato también aparece la necesidad de ser reconocido, de recibir una explicación, de recuperar confianza. Hace falta tiempo y escucha para que cada persona encuentre sus propias palabras.

Con la poesía me ocurre algo semejante. Escribo para prestar atención a lo que todavía no logro comprender de mí. Algunas veces encuentro claridad; otras, apenas una imagen que me permite permanecer un poco más cerca de una emoción.

Por eso vuelvo a la memoria, a las ausencias, a los encuentros. Hay experiencias cuyo significado cambia mientras nosotros cambiamos. Un recuerdo que antes dolía puede adquirir ternura. Una certeza puede empezar a llenarse de preguntas. Un poema escrito hace años puede decirme hoy algo que entonces no alcancé a escuchar.

He pasado buena parte de mi vida aprendiendo a calcular, explicar y acompañar. También sigo aprendiendo a reconocer lo que siento sin exigirle una respuesta

— Ángel Ervey Martínez Rodríguez

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